viernes, 23 de marzo de 2018
jueves, 22 de marzo de 2018
sábado, 25 de noviembre de 2017
UN AMOR QUE PUDO HABER SIDO Y QUE NO FUE.
UN AMOR QUE PUDO HABER SIDO y QUE NO FUE.
A mi edad ya había conocido las sensaciones de amor
y desamor, entendía el significado del placer, el romance y amor, sentía que el
amor no era para mí. En aquel tiempo estaba envuelto en una relación, siendo el
amante de una mujer casada, por quien simplemente sentía deseo, pero a pesar de
eso quería tener a alguien más que pudiera dedicarme más tiempo sin necesidad
de excluirla de mi vida.
Con esa idea accedí a una página en internet para
conocer personas. Así un día coincidí en el chat con una mujer con quien empecé
a tener conversaciones. Aunque veía sus fotos no me resultaba atractiva, pero
era algo agradable. Vivía en la misma ciudad.
Un día me decidí a conocerla y se lo propuse porque
de su parte parecía no haber intención de proponérmelo. Entonces fui a su
encuentro para tomar un café. Era la primera vez que la veía, pero sentía que
sólo me reencontraba con alguien que ya conocía. Conversamos y reímos mucho, me
encanto saber que ella tenía el mismo concepto que yo sobre el amor, no era para
nosotros, tampoco las relaciones formales. Sentí que era perfecta una mujer
independiente con quien podría tener una aventura y seguir con mi otra
relación.
Pasaron los días y nos volvíamos más amigos, nos
veíamos para almorzar e ir a algún hotel, la verdad que no disfrutaba mucho
porque no era algo agradable por su exagerado sobrepeso.
En una ocasión quedamos en encontrarnos, pero sucedió
porque tuvimos una pequeña discusión por una tontería. Pues se había demorado
mas de media hora y yo estuve molesto, de allí las cosas ya no marcharon bien. Di
por sentado que se acababa todo porque yo era orgulloso, pero volvió a escribirme
y quedamos en vernos. Ese día que nos vimos, no
resistí y nos fuimos al hotel.
En realidad todo fue extraño porque se suponía que
iríamos a tener una aventura, pero parecíamos dos adolescentes enamorados,
caminando de la mano juntos, dándonos besos y abrazos en público, enviándonos
tiernos mensajes, siempre pendientes el uno del otro.
Era mi vida, se preocupaba por mí, me cuidaba, me
hacía sentir especial y hacía que yo estuviese sonriente todo el tiempo. Había
mucha confianza entre nosotros, me había contado sobre su vida, sus relaciones,
teníamos muchos planes sobre cosas de parejas enamoradas con vivir juntos y esas
cosas ridículas que pasa.
Las cosas no eran como se esperaba y es que no teníamos
las mismas aficiones como por ejemplo beber licor, o que se creía una hembra
alfa y esas cosas risibles que uno puede escuchar
Siempre estuve consciente de que un día terminaría
pero no lo espere tan pronto, tan de repente sin explicación alguna. Además,
por qué me lo dijo en un mensaje, las cosas importantes siempre me las dijo de
frente. Contra su voluntad insistí, me dijo que el problema era yo, que conmigo
la pasó muy bien que yo era muy divertido, pero que tenía que ser así. Al final
me confundió cuando dijo que yo debería buscarme alguien más aburrido y no
alguien como ella. Todo lo decía de manera fría y ya no me miraba a la cara, no
resistí y rompí en llanto. La abracé por última vez, pero ella ya no me abrazó. Cuando nos despedimos lo
último que hizo fue suspirar.
Nunca más la volví a ver. Pasó el tiempo y no había
día que na lo recordaba y tanto extrañarla me hacía doler el alma. Hasta hoy
sigo llorando con su recuerdo, tantas ocasiones donde deseé un abrazo suyo, no
volví a salir con nadie, entristecí profundamente.
Sufrí mucho al dejarme como no imaginé, sólo
después de que se terminó me di cuenta de lo mucho que la quería aunque nunca
se lo dije. Antes no quise igual, siempre la querré, creo que me enamoré de
quien no debía, fui débil.
Me gustaría verla nuevamente, pero no sé si tendré
el coraje de estar frente a la persona que tanto quiero y solo hacerla de
amigos. Aunque élla me haya dejado, yo no lo dejé ir, lo llevo siempre conmigo,
no muy cerca pero si muy dentro.
MARUESVA
sábado, 11 de noviembre de 2017
martes, 24 de octubre de 2017
martes, 2 de mayo de 2017
¿Vale la pena sufrir por alguien?
Algo que me sorprende es la capacidad que tenemos
para sufrir, y aguantar por amor los desprecios de la persona supuestamente
amada.
¿Qué necesitamos o qué nos hace falta, para estar
aferrados a alguien que sabemos no nos conviene?
¿Qué en nuestro interior nos motiva a no dejar ir a
alguien que su sola presencia nos lastima, y hace que perdamos poco a poco
nuestra propia identidad y autoestima?
EL AMOR VERDADERO LIBERA, NO TE HACE ESCLAVO DE LA
VOLUNTAD NI DEL ESTADO DE ÁNIMO DE LA OTRA PERSONA. EL AMOR VERDADERO TE HACE
SER TÚ, Y TE LLEVA A LIMITES INIMAGINABLES. TE IMPULSA A DAR LO MEJOR DE TÍ, NO
PORQUE TENGAS A LA OTRA PERSONA A TU LADO, SINO PORQUE ESA PERSONA TE AYUDA A
DESCUBRIRTE
¿VALE LA PENA SUFRIR POR ALGUIEN?
Cuentan que una bella princesa estaba buscando
esposo. Aristócratas y adinerados señores, habían llegado de todas partes para
ofrecer sus maravillosos regalos; joyas, tierras, ejércitos y tronos,
conformaban los objetos para conquistar a tan especial criatura.
Entre los candidatos se encontraba un joven
plebeyo, que no tenía más riqueza que amor y perseverancia. Cuando le llegó el
momento de hablar, dijo:
- Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un
hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como
prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que
la lluvia y sin más ropas que la que llevo puesta. Esa es mi dote...
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor,
decidió aceptar:
- Tendrás tu oportunidad: si pasas la prueba, me
desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente
estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin
pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo
siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando, la
cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa,
la cual con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil
maravillas, incluso algunos optimistas habían empezado a planear los festejos.
Al llegar el día 99, los pobladores de la zona,
habían salido a apoyar al próximo monarca. Todo era alegría y fiesta, hasta que
de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada
atónita de los asistentes y la perplejidad de la joven princesa, se levantó y
sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un
solitario camino, un niño lo alcanzó y le preguntó:
-¿Qué fue lo que te ocurrió?... Estabas a un paso
de lograr la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?... ¿Por qué te
retiraste?
Con profunda consternación, y después de derramar
algunas lágrimas, contestó en voz baja:
-Si ella no me ahorró un día de sufrimiento... Ni
siquiera una hora, es porque no merecía mi amor.
El merecimiento no siempre es egolatría, sino
dignidad.
Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra
persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de
par en par, y desnudamos el alma hasta el último rincón; cuando perdemos la
vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, cuando reconocemos nuestros
errores, pedimos perdón e intentamos con todas nuestras fuerzas ser mejores...
al menos merecemos comprensión.
Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente
el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los
casos, desinterés o ligereza.
Cuando amamos a alguien que, además de no
correspondernos, desprecia nuestro amor y nos hiere estamos en el lugar
equivocado.
Esa persona no se hace merecedora del afecto que le
prodigamos.
La cosa es clara: si no me siento bien recibido en
algún lugar, empaco y me voy.
Nadie se quedaría tratando de agradar, y disculpándose
por no ser como les gustaría que fuera.
No hay vuelta de hoja: en cualquier relación de
pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime.
Y si alguien te hiere reiteradamente sin "mala intención", puede que
te merezca, pero no te conviene.
Retirarse a tiempo, con la satisfacción de haber
dado lo mejor de nosotros mismos ¡no tiene precio!
¡ANIMO... ESFORCÉMONOS POR SER FELICES!
MARUESVA
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